Próximas publicaciones y proyectos
El lunes 19 me vuelvo a Egipto. Esta vez será sólo una semana, pero volveré, espero, con muchas más fotos, una crónica que uniré en un flashback a la anterior visita.
También estoy terminando de pasar a Word las Crónicas Kilimanjaleiras y recuperar unas cuantas fotos para irlas ilustrando.
Poco a poco iré "mecanizando" mi diario de viajes y de montaña.
Hay un proyecto llamado "Aconcagua 2008", pero hay que ver las posibilidades reales, tanto a nivel físico (entrenamiento en altura, sobre todo) y de contar con los días libres necesarios que requiere (serán no menos de 25) en Diciembre o en Enero del 2009... De momento el reto está planteado y aceptado. Será el colofón a mi carrera en la alta montaña, y aunque deje pendiente la expedición al Baltoro y esa de los 5 picos en Mongolia, sé que si llego a 7000 m, no volveré a estar mucho más arriba de los 4000 m nunca más. Aún me quedan varias rutas alpinas, pero no más cumbres (¿estoy segura?... ).
Volveré después de presentar mis respetos a Seti I, y de llorar una vez más en "el más esplendoroso de los lugares".
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CHANYU

Absorto en sus pensamientos, Ilia se sobresaltó al escuchar el sonido hueco cuando golpeó sobre una superficie de madera. Soltó la pala y corrió hacia la loma donde divisó a Natalia.

Encaramada en una colina de suave contorno llenaba sus ojos con los colores tristes del desolado paisaje. El verde grisáceo de la hierba rala anunciaba la pronta partida. Los pacíficos pastores de Ukok deberían convertirse en los feroces guerreros pazyryk para defender las praderas donde pasarían el largo y duro invierno, más allá del Altay. Un joven se postró a sus pies: “Chanyu, los jefes urik esperan en la yurta”. Saltó a lomos de Tch’eng-li Ku-t’u y salió al galope estallando en gritos de júbilo. Amaba la libertad, la salvaje estepa y sentir las afiladas caricias del viento en su rostro.
Llegó al campamento con el pelo alborotado y la cara ardiendo bajo la helada piel. Ilia le mostró las tablas de madera. Emocionados, los componentes de la expedición limpiaron la zona y abrieron un agujero en el techo de la cámara. Era el primer túmulo intacto que encontraban. En el interior les esperaba un momento de la Historia congelado hacía veinticinco siglos. Natalia entró por la abertura.
Se hizo el silencio cuando asomó al interior de la yurta. Los jefes urik inclinaron las lanzas y la cabeza en señal de respeto y sumisión a la chanyu. Aunque algunos no estaban muy conformes con tener a una mujer como jefe, lo cierto es que era la mejor guerrera y se había ganado el puesto por sus propios méritos. Así era la ley de los nómadas. Ella había unido las urik, las había guiado en las migraciones invernales hacia los mejores pastos y los había defendido contra los chibe, katanga y karakul. La llamaban yabghu, y se decía que era hija de Tängri; por eso gritaba en la llanura sin ofender a los Antiguos. Así también su montura era hijo de los caballos celestiales del Altay.
La chanyu ocupó su lugar en la asamblea. Los jefes doghoi colocaron un tocado de madera cubierto de pan de oro sobre su cabeza, ratificándola una estación más como jefe del il y jurándole fidelidad y lealtad. Sentados en torno al fuego cada jefe dio cuenta del número de hombres y rebaños de su tribu. Aquel invierno el il pazyryk contaría con unos mil guerreros para defender el ganado, las mujeres y los niños. La travesía por el Altay sería penosa; los shamanes celebrarían ritos en altares de piedra sobre las colinas. Ella misma rogaría a Tängri por la protección de su pueblo.
Pidió que la dejaran sola. Se comunicaría con el dios del Cielo a través de las volutas de humo del fuego sagrado, que ardía en el centro de la tienda de los chanyu desde el principio del tiempo. Y Tängri revelaría sus designios en las nubes y en mensajes que enviaría con el viento. Se tendió sobre la alfombra de fieltro rojo y dejó su mente en blanco mientras se quemaban ramas verdes de alerce, el árbol de los Antiguos. Comenzó a leer los signos sagrados impresos en su piel. Sintió cómo su espíritu se elevaba.
Se trataba de un tronco de alerce de unos dos metros de largo, sellado con clavos de bronce. Era sin duda la tumba de un gran guerrero. Totalmente fascinados por el hallazgo, Natalia y sus compañeros extrajeron las verdosas alcayatas y retiraron la tapa. Un bloque de hielo protegía el cuerpo del inexorable paso del tiempo. Calentaron tazas de agua y las vertieron con delicadeza y mimo sobre la masa helada.
El crujido de los cristales al contacto con el agua de los arroyuelos anunciaba el deshielo y el momento de regresar a Ukok. El invierno había sido crudo y las pérdidas numerosas; pero el pueblo pazyryk estaba satisfecho. La chanyu había cuidado de ellos como una madre y los había defendido de hu-kis y yuan-yuans como un padre. Volvería a casa más de la mitad de los que vinieron, y algunos otros que verían la luz en su tierra.
Las mujeres preñadas tallaron en hueso un amuleto para la yabghu: un pájaro-grifo con el pico y las alas abiertos, símbolo de maternidad. Era su manera de expresar los deseos de su pueblo por un vástago que heredara el carisma de su madre. Cuando lo recibió apenas pudo ocultar las lágrimas. En su tatuado brazo lucía una ajorca de plata: un león-grifo luchando contra un dragón-serpiente. Había pertenecido a su padre, un gran guerrero que murió defendiendo a su pueblo. Al aceptarlo había adquirido el compromiso de seguir sus pasos como cabeza de familia, puesto que no había hombres en su yurta, como guerrero del clan y como leal al chanyu. Renunció pues a sus labores de mujer, entre ellas tener hijos. Así era la ley de los nómadas. Con pesar devolvió el regalo, manifestando así que su responsabilidad se mantenía hasta que otro jefe la sustituyera. Una joven mujer de abultado vientre guardó el amuleto con mucho cuidado entre los pliegues de la falda. Al hacerlo se dio cuenta de que había roto aguas.
El líquido caliente resbalaba por el hielo derritiéndolo dulcemente. Allí donde la capa era más débil se iban abriendo pequeños orificios, que se agrandaban como diminutos ojos que despertaban tras un letargo ya milenario. Natalia apenas controlaba la emoción, que le latía en las sienes como una manada de caballos.
El claqueteo de cascos se fue perdiendo entre las dunas. La horda hiun-yu había sufrido una irreverente derrota y su docena de supervivientes se alejaba al galope. Buscaban caballos y a veces mujeres; eran salvajes y crueles; despreciaban a pastores y sedentarios; no respetaban ninguna ley, excepto la suya. Venían del este, atacaban por la noche y se marchaban cuando los tonos encarnados del amanecer se confundían con la sangre de sus víctimas. Pero esta vez habían tendido una emboscada a la avanzadilla de exploradores pazyryk en el paso de Gorno-t’chien, el desfiladero que cruzaba la estepa seca a los pies del Altay. El choque fue brutal. Cuando llegó el grueso de la caravana encontraron la cañada salpicada de cadáveres y regueros de sangre. Apenas media docena de guerreros pudieron ser rescatados de entre los muertos.

Como un espíritu una figura se irguió tras unos caballos agonizantes. Era la chanyu. Estaba empapada en sangre oscura, mezcla de la que manaba por sus abundantes rasguños y la de sus enemigos. Levantó un brazo y mostró a su pueblo la cabeza del jefe del grupo agresor: “El paso es seguro” murmuró mientras se desvanecía en los brazos sus hombres. Del costado salía el mástil quebrado de una lanza corta.
Despertó envuelta en su manta de marmota; estaba en su yurta, acompañada por varias mujeres que entonaban salmos curativos mientras limpiaban sus heridas. Preguntó dónde habían acampado. Una mujer joven, con los pechos aún rezumantes tras el amamantamiento de su pequeña, le contó entusiasmada cómo tras el enfrentamiento con los hiun-yu habían atravesado las montañas y llegado a Ukok. Allí, en su amada tierra, les esperaban infinitas praderas rebosantes de flores y de vida. Todas las tribus permanecían junto a la chanyu en espera de su recuperación. Prepararían una hermosa fiesta en su honor y luego partirían hacia sus territorios.
La joven interrumpió su relato. La chanyu hacía esfuerzos por levantarse. Un pinchazo en el costado le hizo fijarse en un aparatoso emplasto de musgo y barro. Se puso en pie y salió de la tienda. Los pazyryk enmudecieron al verla. Todos sabían que su herida era mortal. En verdad debía ser hija de Tängri, pues sólo del Cielo podía llegarle esa fuerza sobrehumana que demostraba. Los guerreros comenzaron a golpear sus lanzas contra el suelo al grito de "¡Yabghu!". El pueblo entero se unió a ellos coreando el título de su soberana. Ésta montó en Tch’eng-li Ku-t’u, malherido como ella en el combate. Jinete y montura conocían su destino próximo.
Se alejaron al galope por la llanura eterna profiriendo gritos de júbilo, y sintiendo las afiladas caricias del viento en su rostro. Subieron a una colina de suave contorno y llenaron sus ojos, por última vez, con el verde lujurioso de la estepa silvestre. Mirando a Tängri pensaron en las praderas del cielo, más allá de las nubes. Juntos seguirían allí su carrera. Desde el campamento los pazyryk vieron desplomarse la centáurica figura.
El enterramiento fue el más glorioso dedicado jamás a un chanyu. Excavaron la cámara en la misma colina y trajeron un tronco de alerce desde el mismo Altay, porque no había árbol más sagrado para alguien más divino.

El cadáver reposaba intacto en el interior del sarcófago. Natalia contemplaba absorta la imagen ante sus ojos. Era una mujer. Aún podían verse los largos cabellos bajo un tocado de madera recubierto de pan de oro. Estaba envuelta en una manta de piel de marmota, y la habían acostado de lado, como un niño dormido. Vestía una larga falda de lana y una túnica de seda que dejaba ver un brazalete de plata en su tatuado brazo. Debía de haber sido también hechicera pues llevaba escritos en su cuerpo los signos místicos que la comunicarían con los espíritus sagrados. Había muerto hacía dos mil quinientos años, pero su piel y los símbolos aún se conservaban, momificados en el hielo. Natalia tomó con ternura la mano esbelta y algo se deslizó entre sus dedos.
El amuleto que tan celosamente había guardado entre los pliegues de su falda era ya de la chanyu. Ahora engendraría hijos en la otra vida. La mujer joven, con su hija en brazos, se reunió con los de su clan. Cerraron con clavos de bronce el ataúd y colocaron junto a él a Tch’eng-li Ku-t’u, sin arreos ni manta, tal como ella lo montaba. Ambos reposarían sobre la alfombra de fieltro rojo que les conduciría al reino de Tängri. Apilaron mantas, lanzas, escudos y demás objetos que la chanyu había utilizado y que continuaría necesitando. Sellaron la cámara y encendieron hogueras con el fuego sagrado. Acompañarían con sus cantos la ascensión del alma de su yabghu a las praderas celestiales.
El viento traía los graznidos de una bandada de ánsares en forma de flecha apuntando al sur. En su mano el pájaro-grifo la observaba con su pico abierto de par en par. Natalia escuchó su mudo mensaje, el que le enviaba aquella mujer, favorita de Tängri. Ella no había tenido tiempo de trazar su propio camino, separando sus pasos de las huellas de su padre; de conocer el amor de un hombre y de unos hijos que anhelaba en lo más profundo de su corazón. Aquel grito del pasado alertaba a Natalia sobre su futuro. Miró a Ilia, que inventariaba los objetos encontrados, y pensó que aún tenía una oportunidad. Se preguntó si querría aprovecharla. El antropológo le sonrió tras el bolígrafo que apoyaba en sus labios. Notó los helados dedos de la chanyu entrelazarse con los suyos y apretar el amuleto en su mano. La respuesta apareció clara, igual que el sol asoma entre las nubes después de la tormenta.

El viento perenne arrastraba el aroma ácido del pasto en violentas olas glaucas. Las vastas praderas alimentaban los rebaños, que renovaban sus miembros cada verano, cuando las reses más viejas dejaban su espacio a nuevas cabezas que asomaban entre la hierba. Así venía ocurriendo desde los tiempos más remotos en la llanura de Ukok.
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Homenaje a la Dama de Hielo
Fue la primera vez que vi las montañas Altay, las llanuras desoladas, el lugar sagrado para el pueblo pazyryk... y también se convirtió en sagrado para mí.
Todos los nombres de personajes del relato son ficticios, aunque es evidente homenaje a los verdaderos protagonistas de la Historia. Partiendo de las notas que tomé durante la emisión del documental (no tenía internet entonces) y de tardes consultando libros de etnografía, de historia, de etnología, de lingüística... encontré algunos retazos de la sociedad, la mitología, la lengua y las costumbres de los pazyryk.
Enamorada de sus estepas, de sus vientos y de su espíritu inhóspito, quise escribir este cuento: Chanyu.
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Manual Tumbastardo
MANUAL DE ESTILO DEL TUMBASTARDO
[Antes de nada, una indicación: ESTE POST NO ES UN RELATO. Pero con todo mi respeto al moderador, creo que puede servir para reunir aquí las discusiones sobre contenido y forma que a veces asaltan los hilos de los textos publicados.]
He observado que en muchas ocasiones temas como la ortografía han dado lugar a cierta controversia. Para dirimir diferencias me he permitido redactar un breve manual de estilo que sirva como guía orientativa para todos aquellos que quieran mejorar su expresión y la calidad de sus relatos. Quiero indicar también que no se trata más que de una serie de humildes reflexiones personales que espero sirvan a alguien de algo.
Muchas gracias.
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FORMA (ORTOGRAFÍA)
1. Acentuación
Si bien es recomendable el empleo de tildes, tampoco es necesario exagerar su importancia; al fin y al cabo, salvo en algún caso excepcional de necesidad diacrítica, para un lector medio el contexto es más que suficiente para comprender el significado de los términos, como se puede comprobar en el ejemplo siguiente:
"como como como como!"
Algunos incluso podrían indicar que el signo de admiración final es obviable (el inicial está fuera de toda duda) porque el sentido exclamativo está también implícito en la frase, pero personalmente no me atrevo a ser tan innovador.
2. Puntuación
2.1. Las comas, como pausas en la lectura, hacen que el texto pierda fluidez e intensidad, y no tienen en cuenta la velocidad de lectura personal de cada lector. Por ello, es recomendable limitar su uso, permitiendo que sea el lector quien distribuya las pausas a su gusto, lo cual, además, vuelve el texto más interactivo. Ejemplo:
“Pisos, no zulos”
“Pisos no, zulos”
En ambos casos, recomendamos escribir la frase “Pisos no zulos”, lo cuál la hace más aséptica y democrática, y no hiere la sensibilidad ni de aquellos descontentos con la situación inmobiliaria actual, ni la de masoquistas o aspirantes a cenobitas.
La única excepción que aceptamos para esta norma es que la coma tenga una finalidad dramática, forzando una pausa que remarque el mensaje inmediatamente posterior y que por lo tanto lo realce, como en "al mirar en el, espejo sólo fue capaz de descubrir su propio, reflejo".
2.2. En los diálogos, no se debe caer en un empleo demasiado prolijo del guión, y es claro que se puede suprimir en caso de que empleemos ya algún verbo que indique claramente que el discurso introducido pertenece al narrador, como por ejemplo el verbo "dijo":
"-Ayer Jorge dijo Sebas te busca dijo Alberto."
2.3. La "h", al ser consonante muda y no tener valor fonético diferencial real, puede emplearse sin necesidad de un criterio fijo, como en "hechar de menos" o en "hoy me e levantado oprimido por el peso de la existencia".
2.4. La "escritura de móvil" es perfectamente válida para escribir literatura dado que lo que prima es el contenido, y además tiene la ventaja de estar mejor adaptada a la falta de tiempo libre que caracteriza la vida moderna, pues es claro que al reducir el número de signos aumenta proporcionalmente la velocidad de lectura. Ejemplo:
"Era todo 1 spctaculo ver a Keekeg sntado frnt a Tashtego k oponia sus afila2 dients als dl indio; ntr ellos Dagoo sntado n l suelo xk 1 blanko habia llevado su kbeza empnadachada d plumas como 1 ktafalco hst n ls bajas carlingas. Kda movmiento d sus miembros colosals hacia tmblar la strucra d la estrcha kbina como 1 elefant afrikno k viajara en 1 nave. Xro a pesar d todo sto s negro inmnso era asombrosamnt frugal x no dcir mlindroso.” (Traducción a móvil de un fragmento de “Moby Dick” de Hermann Melvilla)
Cronométrese la lectura de este párrafo y piénsese en la cantidad de tiempo que habríamos invertido en leerlo si hubiese contado con todas sus letras.
CONTENIDO
1. Creación y creador
"La escritura es el proceso de desvelamiento del alma creadora" (lo dijo alguien). Siendo este principio cierto, podemos afirmar que el contenido y auténtico valor del relato reside en la profundidad de los pensamientos y/o sentimientos que el autor se atribuye a sí mismo. Así, para que el resto de los elementos permitan más plenamente ese "desvelamiento", es aconsejable reducir a su mínima expresión los argumentos, caracterización de los personajes, estructura narrativa y demás cosas sin importancia.
2. Creación artística/pensamiento lógico
Es de sobra conocido que el arte pertenece al ámbito de lo irracionel del ser humano, con lo que se opone diametralmente al pensamiento discursivo y, como consecuencia, a la lógica. Por ello, el autor debe buscar no la claridad del mensaje, sino la "sugerencia". La intensidad de la emoción transmitida debe ser el punto central de toda expresión pulida, aunque ello suponga renunciar a la coherencia. Un ejemplo:
"Era de noche y sin embargo, llovía" (Antonio Neira, 1818-1853)
(Nota: Antonio Neira era un tumbastardo.)
Como podemos ver, el autor en esta breve sentencia aprovecha la conjunción para dividir la frase en dos segmentos enfrentados, remarcando los sustantivos "noche" y "lluvia" que quedan suspendidos como puntos fuertes de la oración y que definen los elementos la tragedia del autor. No sólo estaba presente la oscuridad de las horas nocturnas (símbolo inequívoco de la muerte), sino que a pesar de eso y en contra de todo lo esperado, la lluvia caía. Arraigadas palabras.
3. El léxico define el texto
En otro orden de cosas, todos sabemos que un léxico amplio y culto aumenta la profundidad del escrito. Cuanto más infrecuente sea un término empleado, mayor valor adquiere el texto en el que se incluye (mucho más si además el término supera las cuatro sílabas). Por ello, aquí dejo una lista de palabras que pueden ser de suma utilidad:
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- Didascálico
- Emético
- Ictiomórfico
- Menarquia
- Metaplasmo
- Telegónico
- Catasterismo
- Estroboscópico
- Solipsismo
- Uwebollesiano
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*Reglas para el empleo de esta tabla: Tirar dos veces 1d10, anotar los resultados, e incluir los términos a la primera oportunidad.
Y hasta aquí, este modesto manual de estilo.
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Para terminar, me gustaría incluir aquí un relato escrito siguiendo muchas de estas reglas. Espero que lo disfrutéis.
LA NEGRA NOCHE DEL ALMA EMÉTICA
"Donde hayare solaz para mi dsbenturada alma? camino sin esperanza rendido a ténebres sueños en los que asolado me persigo en circulos por los serpenteantes sinuosos senderos disimiles de mi mente si almenos supiera la definitiva respuesta tendria, salida...
¿salida?...quien pudiera encontrar una salida, encerrada como esta mi alma entre los negros tentaculos de esta desesperacion que me agarra el alma y me empuja hacia el abismo donde habitan las negras bestias que subyugan mi espiritu...
la Soledad me desgarra las entrañas con sus puñales de frio hielo abrasador qeu me laceran el pecho sin qeu pueda encontrar la paz de tu mirada qeu me consuela en las negras noches desesperadas enqeu me sumo y me resto sin saber si es un laberinto mi mente o toda mi vida...
Busco araño asta destrozar mis uñas telegónicas y la sangre chorrea y gotea y solo espero a la muerte para volverme uno con la infinita soledad. Menarquia."
(Disculpad la última frase, pero es que me salió un 4 en la última tirada y se me olvidó incluir "menarquia" un poco antes).
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