Crónicas Venezolanas III

DÍA 7 (domingo):

Después de un descanso menos reparador del deseado, nos levantamos sobre las 7 para ir hasta el Muelle a desayunar. Menos madrugadores que nosotros eran los que preparaban el condumio, y fue cuando ya nos íbamos el momento en que sacaron las arepas, la leche fría… en fin… no era cuestión de arrugar el morro en aquel trocito de paraíso y en un día que se adivinaba tan fantástico.

Esta vez éramos más y ocupamos el catamarán llamado Neptuno II. También venía para guardarnos, Carlos, un guía muy comprometido con la tarea de educar a propios y extraños en la imprescindible conservación del parque. Navegamos viento en popa a toda vela haciendo escala en un islote desierto… igual que el anuncio del perfume Fidji… y yo me quería morir allí mismo de puritita felicidad.



No saqué la cara del agua en todo el tiempo que estuvimos anclados allí, haciendo snorkel y flipando con los enooooooooooormes erizos, persiguiendo a un pez cofre, rastreando peces cirujano por los corales… husmeando si aquellas formas alargadas y gruesas eran holoturias, gusanos de mar (respuesta correcta) o caca de tiburón. Más tarde nos dirigimos a Franciski del Norte donde hicimos snorkel con Carlos en la llamada "Piscina", surgida después de que un huracán arrastrara toda una pared de coral hacia la superficie amurallando la zona.



No obstante fue el snorkel más interesante puesto que aparte de los habituales cientos de peces de colores, los corales y algas… gozamos de la proximidad de una barracuda de metro y medio que acechaba silenciosa en la penumbra de la sombra del arrecife… En la superficie, los pelícanos incansables se lanzaban a la pesca de pargos amarillos mientras las gaviotas ladronas y los págalos no se cortaban en abalanzarse sobre los picos de los pacíficos pelícanos. Ya más acostumbrada al calor, ese día no bebí tanto…nestea (valeeeeeee… ron tampoco).

Atracamos sobre las 3 de la tarde, y como el sol atizaba de narices, decidimos que lo mejor sería una ducha y una tarde de lectura y siesta. La mujer de la limpieza dejó también sus quehaceres para esa tarde, que mira que tuvo toda la mañana para quitar el polvo de la puerta y demás…

Salimos a tomar algo antes de la cena y… en la Chuchera, donde hacían las piña-colada más deleitosas del mundo mundial, sólo nos ofrecieron líquidos no espiritosos… la ley seca estaba en vigor hasta las 7 de la tarde, hora en que se cerraban los colegios electorales (y es que hubo elecciones municipales y claro… con tooooooda la población que tiene el Gran Roque, si se les embotijan dos, ya no vota ni el 30% :P). Así que bromeamos con la dueña que nos sacó las cervezas, aunque prometimos no hincarles el diente hasta cinco minutos después jajajajajajajajaja. También estuvimos tocándole las narices a un pobre cangrejo ermitaño que tomó la mala decisión de entrar en el bar, y claro… acabó en nuestra mesa, pasando de mano en mano hasta que decidimos no estresarlo más… y que pellizcaba con mala baba, el jodío!!

En la cena, compartí con un gato (los felinos y yo) casi todo el pollo de mi plato y apenas tomamos una copa después y nos fuimos a dormir porque al día siguiente la diana era a las 7 otra vez.